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El 19/17: ¿parte aguas o sólo otro sismo?

Written by - Miguel Angel Valenzuela Shelley on Martes, 03 Octubre 2017. Posted in Recientes, Νομος México

Fenómenos naturales que vivimos en México durante agosto y septiembre dejaron al descubierto –una vez más- carencias estructurales en nuestro país. Pero no únicamente en el diseño urbano de diversas ciudades, en sus servicios metropolitanos, en su infraestructura o edificaciones, sino también en su incapacidad para anticipar contingencias o responder a eventualidades y aún más, el ya conocido problema de la corrupción, que en esta ocasión, no sólo costará millones de pesos, sino que ha costado muchas vidas; no sólo los más de 300 fallecidos, sino también quienes les sobreviven y aquellas personas que vieron cómo el sismo derrumbaba su patrimonio, su presente, su futuro y su pasado. Esta irrupción a la cotidianidad, particularmente el sismo del pasado 19 de septiembre, nos presenta una vez más la posibilidad de tener un parte aguas en la historia de la Ciudad, que podría –en el mejor de los casos- generar un círculo virtuoso y un efecto dominó hacia el resto del país, en las necesarias correcciones estructurales de México.

Las lluvias de agosto colapsaron varias ciudades del país, provocando desde inundaciones que inhabilitaban calles y avenidas, hasta viviendas y diversas edificaciones afectadas y socavones en los que caían incluso autobuses de pasajeros; algunos con consecuencias mortales. Si bien fueron lluvias atípicas –que de hecho cada vez serán menos atípicas- durante varios días que superaban los 200 mm/h, también es cierto que muchos de los daños no son justificables y tampoco hubo una respuesta adecuada a la eventualidad; de hecho las 16 delegaciones y toda la zona metropolitana de la Ciudad de México estuvo en alerta amarilla por algunos días. Pero ¿cómo podrían haber respondido los gobiernos locales? Por un lado, limpiar los desagües y evitar que estos de tapen, otra posible solución es implementar programas para la recolección del agua de lluvia, y en el caso de la Ciudad de México, mecanismos para filtrar el agua hacia el subsuelo y con ello contrarrestar el hundimiento de diversas zonas de la Ciudad.

Por otra parte, los sismos que afectaron al país los días 7, 9 y 19 de septiembre –por mencionar los de mayor impacto- si bien dieron pie a grandes muestras de solidaridad por parte de la sociedad –incluidos los criticados millenials, quienes han sido parte fundamental en el manejo de la crisis- también sacaron a la luz grandes fallas y límites de los diferentes niveles de gobierno. Por un lado, aunque el gobierno federal reaccionó más rápido que en 1985, en realidad éste se vio claramente superado por las necesidades emergentes; ejemplo de ello, es que en los diversos sitios en los que había operaciones de rescate, no había un claro mando, un centro de poder, coordinación e información que controlara todas las operaciones y el sitio en su conjunto. De haberlo habido, no se hubieran presentado quejas de los familiares en Álvaro Obregón 286, loa multifamiliares de Calzada de Tlalpan, ni se hubiera presentado el polémico y lamentable caso de Frida Sofía. Otra crítica que también vale hacerse al gobierno federal, es que a partir del sismo del 19 de septiembre, pasó prácticamente al olvido el que sacudió fuertemente a Oaxaca y Chiapas el 7 del mismo mes; otra muestra de centralismo y arrogancia de la administración pública, y un poco, también de nosotros.

El gobierno de la Ciudad de México y los gobiernos delegacionales también fallaron, pues dieron muestra tanto de incapacidad para satisfacer los primeros requerimientos, como transporte público, pues miles de personas tuvieron que caminar más de 15 ó 20 kilómetros para volver a sus casas; evaluación de daños, ya que miles de personas volvieron a sus casas o centros de trabajo sin saber si su edificación estaba en buenas condiciones; manejo de acopio y albergues, toda vez que la ayuda rebasó la capacidad y necesidades inmediatas, además no se sabía qué se necesitaba dónde. Pero los gobiernos locales también han dado muestra de corrupción, falta de transparencia y complicidad, al haber autorizado la construcción o modificación de edificaciones hoy colapsadas, y/o no exigir rendición de cuentas a los responsables o bien hacerlo –hasta ahora- discrecionalmente.

Pero pese a todo o gracias a ello, es que ahora se nos presenta –una vez más- la posibilidad de un parte aguas en la Ciudad y –one can only hope- en el país. La reconstrucción, así como las obras de fortalecimiento de edificaciones, la rendición de cuentas y la asignación de recursos del FONDEN, serán acciones que no deben tardar en comenzar y que se extenderán por varios años, en ellas –y en muchas otras- es necesario que la sociedad civil participe. Lo fácil fue ayudar los primeros días; remover escombros, estar en los centros de acopio o en los albergues, llevar alimentos, agua, medicinas o ropa, abrazar a quienes perdieron mucho o todo, fueron, son y seguirán siendo tareas muy importantes, pero lo complicado será tanto mantener el nivel de ayuda requerido, como trascender esas necesidades y comprometernos con el proceso de reconstrucción de la Ciudad, en el sentido amplio de la expresión, no sólo el físico.

Ya ha habido muchos casos en la Ciudad y en el país en que se requiere la participación ciudadana, el compromiso social más allá del voto, la marcha o las redes sociales, a fin de transformar nuestras condiciones de vida y por una razón o por otra nos han pasado de largo. Esta ocasión puede ser distinta –o así quiero creerlo- porque nace precisamente de la acción, de la participación ciudadana frente y ante la incapacidad institucional; ejemplos de ello son www.verificado19s.org creado desde la sociedad civil para conocer los requerimientos de los distintos sitios en tiempo real, algo fundamental para el óptimo manejo de los recursos durante una emergencia. La colaboración ahora debe ir más allá; y #Epicentro, plataforma creada por organizaciones sociales, empresariales y académicas, a fin de dar seguimiento al origen y uso de los recursos para la reconsrucción.

Es muy importante que la ciudadanía participe por ejemplo en el manejo de los recursos del FONDEN y su transparencia, lo que hasta ahora ha brillado por su ausencia, ya que el INAI le otorga al FONDEN una calificación de 00/100 con respecto a su transparencia en la asignación de recursos. Debemos participar asimismo en la revisión de los contratos para la reconstrucción y fortalecimientos de edificaciones, lo que puede ser a través de la implantación del modelo de Contrataciones abiertas, dentro de la lógica de Gobierno Abierto. Y también en la exigencia de la rendición de cuentas tanto de las constructoras responsables de los edificios colapsados y los dañados, como de los funcionarios de gobierno que los autorizaron y de particulares (ya sean personas físicas o morales) que hayan incurrido en omisiones, ilícitos o encubrimientos. Esa participación exige un compromiso que va mucho más allá de una o dos semanas.

Por cierto, el sisme del 19 de septiembre, ya conocido como 19/17, parece también haber colapsado la eventual candidatura de Miguel Ángel Mancera y Claudia Sheinbaum…veremos.    

About the Author

- Miguel Angel Valenzuela Shelley

Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales y Candidato a Doctor en la misma especialidad por la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

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