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    Una de cal por una de arena

    El Presidente Donal Trump ha anunciado que iniciará el retiro a su país del Acuerdo Climático de París y ha pospuesto decidir sobre el traslado de la embajada estadounidense a Jerusalem.

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La tormenta perfecta: el efecto Trump

Written by - Amando Basurto Salazar on Martes, 24 Enero 2017. Posted in Recientes, Νομος Estados Unidos de América

Los primeros días de la administración Trump se han hecho sentir y han provocado un aplauso sofocado, ahogado bajo la protesta y la demanda ciudadana. Al final resulta irrelevante si más personas asistieron a la toma de protesta de Barack Obama que a la de Donald Trump, lo más importante es la postura que el ahora gobierno federal estadounidense ha tomado con respecto a su relación con los medios de información. El gobierno de Trump no sólo "monopoliza el ejercicio legítimo de la violencia" sino, también, el ejercicio monopólico de la verdad. Por más que Sean Spicer, vocero presidencial, intente suavizar el tono, la política de Trump parece estará definida no sólo por la desconfianza hacia la prensa sino por el intento de someterla a los dictados desde La Casa Blanca. Esta posición frente a los medios lleva al extremo aquel principio de política exterior de George W. Bush que rezaba "o están con nosotros o en contra nuestra" al reescribirlo y hacerlo un principio de política interna: "o están conmigo o en contra mía".

La Marcha de Mujeres del sábado -que al final no pudo "marchar" porque el resultado de la convocatoria fue tal que, literalmente, fue imposible hacerlo al haber abarrotado las calles de D.C.- fue un evento sin precedentes. Nunca antes un presidente estadounidense había enfrentado, de inicio, el masivo nivel de oposición que enfrenta Donald Trump. La gran movilización en Washington D.C. tuvo reverberación en muchas otras ciudades de los EUA y del mundo -incluyendo CDMX y como pocas veces, la convocatoria y organización se realizaron desde la sociedad civil y no desde un partido ni por un líder políticos. Esto es, a mi parecer, el gran valor y potencial de esa movilización. Si el descontento con y la oposición al gobierno de Trump logra ser catalizado en forma de defensas locales de libertades y derechos, sin permitir que el partido demócrata consiga capitalizar simplemente subiéndose al tren de la protesta, la oposición progresista que se opone al status quo podría obtener una fuerza política sin antecedentes en más de un siglo. El primer partido Demócrata fue fundado como un movimiento en contra de la concentración de poder en manos de la élite Republicana en Washington; el problema es que fue liderado por el populismo intransigente de Andrew Jackson, quien acabó re-concentrando el poder en la figura presidencial. Hoy la acción en contra de las políticas retrógradas de la administración Trump parece requerir una estrategia radicalmente opuesta: los movimientos progresistas deben trabajar localmente para tomar por asalto (electoralmente) los puestos de representación política locales y estatales, así como desafiar al status quo Demócrata al competir en elecciones primarias de representantes y senadores (un poco al estilo en el que lo han hecho los movimientos libertarios y "tea parties" en el caso del Partido Republicano). Urge pues dejar atrás nombres como Hillary Clinton o Bernie Sanders; los nuevos liderazgos deben emerger de las mismas bases del movimiento.

Contrarrestar las políticas de Donald Trump no será fácil; el poder que se ha concentrado en la oficina oval en el último siglo será rápidamente tangible. De entrada, tres edictos ya han dejado ver el alcance eficaz y casi inmediato de la presidencia: la legislación de salud conocida cono Obamacare ha sido burocráticamente debilitada, la membresía estadounidense al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica ha sido derogada y se ha reimpuesto una "ley mordaza" (gag rule) que prohibe a organizaciones que reciben fondos del programa de salud de cooperación internacional de los Estados Unidos llevar a cabo cualquier actividad relacionada con el acceso al aborto, aun con recursos propios. A estos tres hay que sumar el hecho de que Donald Trump tiene todavía que nominar a un magistrado de la Suprema Corte. El campo de batalla no será pues la capital federal (porque por ahora esa plaza está firmemente parapetada), sino las ciudades y los estados, es decir, los espacios políticos en los que la mayoría inconforme tiene mayor posibilidad de triunfos.

 

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