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Emancipación y su perversión I

Written by - Miguel Angel Valenzuela Shelley on Lunes, 15 Abril 2013. Posted in Recientes, Νομος teoretiko

(Deconstructing sexy concepts- Primera parte)

Esta reflexión forma parte de un mismo cuerpo analítico tendiente a deconstruir –o al menos invitar a la reflexión y/o cuestionamiento de- algunos conceptos, ideas o ideales que construyen el nomos del siglo, es decir, son valores de la política nacional e internacional, incluso de la vida cotidiana. Sin embargo son conceptos que carecen de un claro significado, y el abuso en su utilización ha generado un serio vacío conceptual o shallow meaning, paradójicamente. Algunos de estos conceptos le parecerán muy familiares al lector y probablemente le sorprenda mi intención de criticarlos y deconstruirlos. Me refiero a democracia, libertad (freedom vis a vis liberty), caridad, o tolerancia; concepto hacia el cual dirigiré la reflexión luego de cuestionar la emancipación de los esclavos en los Estados Unidos. Hace más de cien años Charles Sanders Peirce subrayaba la necesidad de aclarar nuestras ideas con base en una evaluación pragmática de ellas –es decir, establecer el significado de acuerdo a su manifestación(es) práctica(s)- hoy me parece imperativo no sólo seguir a Peirce, sino definir qué no son o qué no contienen los conceptos que erigen este nomos; uno que (ya) no se define verticalmente desde la élite, sino a través del conjunto de la sociedad.

La cuestión sobre la emancipación de los esclavos en los Estados Unidos se mantuvo en estado latente hasta mediados del siglo XIX, cuando el asunto debía definirse en plena reconfiguración de la República. Mencionaré sólo algunos elementos que estaban definiendo el panorama en los Estados Unidos. Recordemos que era un momento de fuerte expansionismo[1], crecimiento y desarrollo, en otras palabras la República debía definir su estructura, y por ello se enfrentaban el Norte (Republicano) que dominaba la escena política federal y el Sur (Demócrata) que resistía desde los estados; dos visiones completamente distintas de cómo y hacia dónde construir la nación. En la economía encontramos ya aspectos fundamentales de un capitalismo a gran escala con las grandes fortunas familiares construidas a partir del desarrollo industrial (Carneggie, Ford, Rockefeller, McCormick, Vanderbilt, Morgan); industrias que necesitaban trabajadores y un Capitalismo que además requería consumidores. En lo social, el siglo XIX se caracterizó por una enorme migración hacia los Estados Unidos; migración proveniente de muchos y muy diversos países, culturas y religiones, mismos que no cohabitaban fácilmente y que además debían entenderse –de hecho enfrentarse- con los llamados nativos[2]. Contrariamente al mito de los brazos abiertos, cada grupo, cada individuo tuvo que luchar por su lugar en la sociedad estadounidense.

El país estaba claramente dividido: el Norte industrial abolicionista y Republicano, versus el Sur agrícola esclavista y Demócrata; una economía esclavista no tenía cabida en un proyecto Imperial capitalista ya en ciernes. Con la victoria del Senador por Illinois Abraham Lincoln en la carrera presidencial, la escisión era cuestión de tiempo dadas las tensiones entre las regiones, y en 1861 los estados de South Carolina, Georgia, Alabama, Mississippi, Louisiana, Texas y Florida, declararon la secesión de los Estados Unidos de América, creando los Estados Confederados de América, con Jefferson Davis como presidente. A ellos se unirían después del ataque a Fort Sumter (South Carolina) por parte del ejército Confederado, los estados de Arkansas, Virginia, Tennessee y North Carolina. Los estados de Missouri, Kentucky, Maryland y Delaware, permitían la esclavitud pero declinaron la secesión, por lo que fueron considerados estados frontera.

Cabe mencionar, como hace Howard Zinn en A people’s history on the United States, que antes de la Administración de Lincoln -es decir durante la presidencia de James Buchanan- hubo intentos por combatir la esclavitud a pequeña escala. Tal fue el caso de John Brown, un blanco abolicionista quien creía que podría lograrse la emancipación liberando algunas ciudades en el sur –una estrategia quirúrgica, podríamos decir- y poco a poco habría mucha presión política y social hacia y desde el propio sur, lo que desembocaría en la emancipación. No obstante, John Brown fue arrestado y ejecutado en 1859 por Robert Lee y el gobierno de Virginia; amén de la permisividad del gobierno federal.

En enero de 1863 el Presidente Lincoln[3] proclama la emancipación de la esclavitud, que a la postre sería la 13ª Enmienda, con dos objetivos primordiales: aislar al sur políticamente, lo que además casi imposibilitaría su compra de armamento; y legitimar al Norte, facilitando así las alianzas y ayuda militar necesarias. Los efectos no fueron inmediatos, por lo que la rendición de los Confederados se presentó el 2 de abril de 1865, por parte del General Robert E. Lee ante el General Ulysses S. Grant. Ahora comenzaría la ratificación de la 13ª Enmienda.

La abolición de la esclavitud se concretó el 6 de diciembre de 1965, al ratificar la 13ª Enmienda 27estados; posteriormente lo harían 9. Aquí la sorpresiva lista: Oregon, California y Florida en 1865; Iowa y New Jersey, en 1866; Texas, en 1870; Delaware, en 1901; Kentucky, en 1876; y –para sorpresa de todos- Mississippi, aprobó la 13ª Enmienda en 1995, presentando la ratificación al gobierno federal, el 7 de febrero de 2013.

A esta Enmienda, le seguiría la 14ª de 1868 que iba dirigida a combatir la desigualdad y la discriminación que sufrían los negros. Sin embargo, hubo mucha presión política en contra de dichos principios; esto en el sur y en el norte. Como resultado de esta presión, en 1881 la Suprema Corte de los Estados Unidos señalaba que la 14ª Enmienda hacía referencia al Estado y no al individuo, por lo que aquel no puede discriminar, pero éste último, sí. Evidentemente, este permisividad desde la Suprema Corte legitimó la discriminación dirigida a la población negra. Fue hasta el Movimiento de Derechos Civiles entre 1950 y 1968, así como un cambio en la estrategia político-electoral del Partido Demócrata, que el tema de la desigualdad, la inequidad y la discriminación, volvieron a ser temas de la Agenda política nacional.


[1] Ejemplo de ello fueron la Doctrina Monroe y el Destino Manifiesto, las cuales ya presentaban una clara idea expansionista en parte de la clase política estadounidense.

[2] Los nativos no eran los indios americanos, como podría pensarse, sino migrantes de segunda generación –o más- que estaban organizados a fin de limitar, evitar o entorpecer el ingreso de nuevos grupos nacionales a los Estados Unidos.

[3] Abraham Lincoln es uno de los personajes de la historia estadounidense con mayor nivel de misticismo; muchos lo ubican como uno de las grandes abolicionistas, por obvias razones. Por lo que sin otro ánimo, más que el de provocar, citaré dos fragmentos de discursos del candidato al Senado, Abraham Lincoln, en el estado de Illinois en el año de 1858, con pocos días de diferencia. Primero en norte del estado: “Let’s forget all those discussions about this man or that man, this race and that one...if this race is inferior and therefore put them on a lower range. Let’s forget all that and let us unite as one single Nation, proclaiming  that all men were created equal”; y luego en el sur: “I’ll say, then, that I am not, nor ever been,in favor of putting on the same level,socially or politically, white and black races...that I am not, nor ever been in favor to let the black people, vote or to be jurors, nor let them to occupy posts on the government”. El lector sacará sus conclusiones.

About the Author

- Miguel Angel Valenzuela Shelley

Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales y Candidato a Doctor en la misma especialidad por la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

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