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Emancipación y su perversión III

Written by - Miguel Angel Valenzuela Shelley on Lunes, 22 Abril 2013. Posted in Recientes, Νομος teoretiko

(Deconstructing sexy concepts- Tercera parte)

El Movimiento por los derechos civiles tuvo diversos logros expresados en leyes concretas, que hicieron realidad –o han intentado hacerlo- principios, ideales o reformas que desde el siglo XIX se habían promulgado; algunos de los logros líquidos, huecos de la Emancipación y sus consecuencias. Esto -así como lo cuestionable de algunas de las reformas o políticas resultantes- demuestran que el objetivo social de la Emancipación, así como las concesiones al Movimiento por los derechos civiles o probables Reformas migratorias, se fundamentan más en intereses políticos de la élite del poder, que en intereses legítimos en busca de equidad, igualdad y el combate a la discriminación; tampoco obedecen a un repentino ataque de humanismo y decencia. El Acta de los derechos civiles (1964) prohíbe la discriminación con base en raza, color, religión u origen nacional en el empleo y los servicios públicos; el espíritu de la XIV Enmienda de 1668 y que debilitó la propia Suprema Corte de los Estados Unidos.

El Acta del derecho al voto (1965), prohíbe prácticas discriminatorias en los procesos electorales; lo que pretendía la XV Enmienda de 1870[1]. El Acta de Inmigración y Nacionalidad (1965), abolió la Fórmula de Orígenes Nacionales que fue el sistema de inmigración entre 1921 y 1965; el objetivo de la Fórmula era mantener la composición étnica de los Estados Unidos, estableciendo límites a la inmigración mediante cuotas según la nacionalidad. Por último, el Acta de Vivienda Justa (1968), defendía a cualquier interesado en adquirir o rentar una casa de prácticas discriminatorias por raza, religión u origen étnico. A partir de dicha Acta, los negros podían tener acceso o solicitar créditos a fin de adquirir una vivienda[2].

Sin duda estas Actas generaron profundos cambios en las condiciones de vida de la población negra en los Estados Unidos, pero habría que preguntarnos si luego de 148 años de la Emancipación y 45 años del Movimiento por los derechos civiles, los diferentes grupos étnicos están unidos “como una misma nación” (“as a single nation”). La respuesta es no, y es que nunca fue un objetivos de las políticas llevadas a acabo integrar, conciliar, articular a los diferentes grupos étnicos. Ha sido necesario incluirlos –como la reciente Reforma migratoria y el peso político electoral de los latinos- pero siempre ha habido (y habrá) límites, candados y/o excepciones jurídicas o políticas para la integración, equidad e igualdad en la sociedad estadounidense.

Estados Unidos articula buena parte de su poder suave (o prestigio, en palabras de Reinhold Niebhur) en la exportación de conceptos, ideas, ideales o valores típicos de la excepcional cultura política estadounidense; lo que inició en el siglo XIX, pero se consolidó entre la primera y la segunda posguerras creando más que un nuevo orden internacional, un nuevo Nomos de la tierra[3]. Con ello, conceptos como democracia, liberalismo, libre mercado, igualdad, progreso, desarrollo y –en los últimos años- tolerancia, se han convertido en ejes y andamiaje del proyecto expansionista norteamericano. Sin embargo, ellos crean un simulacro liberal, que nubla la vista e impide la gestación de una sociedad verdaderamente liberal, justa, equitativa, igualitaria, etc.

Actualmente Tolerancia es un pilar de la democracia y de las sociedades armónicas, conciliadas, conciliatorias. Pero ¿es el concepto adecuado? Slavoj Zizek invita retóricamente, ¿el movimiento feminista pide que las mujeres sean toleradas por los hombres?, y afirma, si ustedes buscan en discursos de Martin Luther King el concepto de tolerancia, no encontrarán ni una referencia a él; para él (Martin Luther King) sería obsceno mencionarlo en el contexto de los derechos civiles. Tolerar significa ubicarse por encima del Otro en algún sentido, pero se le tolera por ser progresista, democrático, en consecuencia no es el concepto correcto. Derecho, respeto, equidad, son conceptos mucho más atinados, y que sí contienen una fuerte carga democrática, progresista, de justicia, pues se concibe al Otro como igual y se respeta su derecho a disentir. Pero si el color de la piel significa algo más que pigmento, nacionalidad algo más que un referente cultural, el género algo más que distinciones psicobiológicas, ¿cómo puede construirse una sociedad democrática, equitativa, justa?


[1] Me parece prudente mencionar que uno de los conflictos post electorales del año 2000 en los Estados Unidos, específicamente en Florida, obedeció a que fueron eliminados del padrón de electores más de 20,000 negros (o afroamericanos), debido a que su nombre era similar al de alguna persona que hubiese cometido un crimen. Un ex convicto pierde el derecho al voto en el estado de Florida.

[2] A partir de 1974 el Acta también protege a las mujeres, y desde 1988 a personas con discapacidad.

[3] En su Nomos der Erde (1950) Carl Schmitt hace una aguda revisión histórica del derecho público europeo como base del nomos de la Tierra —también podríamos decir: del orden jurídico-político internacional— y hace un análisis del nuevo nomos creado por Estados Unidos de forma paulatina a partir de la Doctrina Monroe y hasta los juicios de Nüremberg, pasando por la primera posguerra y los fallidos intentos del Protocolo de Ginebra y la Sociedad de Naciones. El nomos es la palabra griega que indica la primera medida de todas las medidas subsecuentes, así como la primera partición, clasificación y apropiación del espacio, la primera división y distribución. Partiendo de esto, Schmitt profundiza en la explicación, articulación y conceptualización de su nomos, al rastrear su concepción como ley, ordenador y proceso distributivo y organizador del espacio. De tal forma, puede decirse que el nomos es el marco normativo e ideológico que delimita las relaciones entre Estados.

About the Author

- Miguel Angel Valenzuela Shelley

Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales y Candidato a Doctor en la misma especialidad por la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

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