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Política 2.0: del militante al ciberactivista

Written by - Miguel Angel Valenzuela Shelley on Miércoles, 12 Febrero 2014. Posted in Recientes, Νομος teoretiko

La creación de la Web 2.0 a través de sus expresiones en redes sociales, blogs, wikis y otro tipo de comunidades, ha detonado las posibilidades para la creación y utilización de herramientas democráticas así como nuevas formas de la política o procesos gubernamentales, rebasando el objetivo inicial de ellas como mecanismos de interacción y comunicación horizontal. La campaña de Barack Obama de 2008, los acontecimientos políticos en Medio Oriente y el noreste africano (la Primavera Árabe) y algunos mecanismos de transparencia gubernamental, comunicación política y de gobierno en España, parecen ser avisos de nuevas formas de hacer política, principalmente porque ésta ya no es sólo vertical, doctrinal, sorda y realizada por militantes, sino horizontal, pragmática, multidireccional, libre y en redes transversales. Esta posibilidad de la Web 2.0 como detonante y/o impulsor de procesos y mecanismos democráticos, exige una importante transformación tanto de la clase política, como de la sociedad; una, acostumbrada a dirigir sin cuestionamientos o rendición de cuentas, la otra, a seguir, obedecer e incluso al ostracismo por desencanto o antipatía.

De la invención de la red militar estadounidense ARPANET en 1969 que tenía como puntos de conexión las Universidades de: California en Los Ángeles, en Santa Bárbara Stanford y Utah; se transitó a la creación de la World Wide Web (WWW) a fines de los años 80 del siglo XX, como un servicio abierto (y en un principio eminentemente académico) de distribución y acceso a la información, por la European Organization for Nuclear Research (Conseil Européen pour la Recherche Nucléaire, CERN). La WWW fue de gran utilidad y rápidamente cientos, miles de institutos o universidades y millones de personas acudían a la red en busca de algún tipo de información. A esa herramienta se le denominó Web 1.0, y su función era precisamente acercar la información a los usuarios; una relación unidireccional y vertical. Pero hacia fines de la década del ’90, el espacio de la Web 1.0 comenzó a transformarse debido a nuevas necesidades e inquietudes de los usuarios. Éstos, ya no sólo deseaban acceder a la información, sino subir información, opiniones –crear contenidos-  interactuar con otros usuarios –crear redes-, así nació la Web 2.0.

La nueva estructura de la red, la Web 2.0,  revolucionó el mundo de la información y las relaciones sociales –no siempre para bien- y aún estamos en el proceso de cambio; de hecho es probable que estemos en una perenne espiral de transformación en las comunicaciones y las relaciones sociales (personales, grupales e institucionales). Las distancias evidentemente se han desvanecido, la inmediatez es la medida ligada a lo útil y define con ello su efectividad; el usuario se ha empoderado ya que el ciberespacio se vuelto un lugar definido inter (y multi) subjetivamente. Es un espacio que permite, y en algunos casos, requiere de la participación del individuo, el cual siendo consuetudinariamente espectador, ha tenido que transformarse en actor. En consecuencia en lo que va de este siglo (siendo rigurosos, desde fines del siglo anterior) se han multiplicado las redes sociales (Facebook, WAYN, My space), los blogs (Nomos político, Atmósfera Visual), podcasts (Archive.org, Cadpost, Podomatic) y wikis (Wikipedia, Wikileaks), generando espacios de encuentro, entretenimiento, reflexión, discusión y/o participación entre los usuarios, así como entre ellos como individuos e instituciones.

Dadas las características de la sociedad misma, estos espacios son dominados en términos de participación por jóvenes entre 18 y 35 años, y una muy importante presencia de (al menos) preadolescentes. Eso ya otorga cierto cariz a la dinámica de la red; ésta es, valga la redundancia, muy dinámica, libre, múltiple, pragmática, turbulenta, polémica y deja poco espacio a las excusas o exclusas. El alcance de la Web 2.0 es seductor para los políticos, pues no tiene límites ni horarios, por lo que se incrementa de forma (casi) inconmensurable la posibilidad de que un mensaje determinado llegue a la población y sea (al menos) discutido o incluso aceptado. Sin embargo, pocos políticos han entendido o aceptado algunas de las características esenciales de este espacio público; es decir, la bi direccionalidad en la comunicación con los usuarios, una construcción de ideas con múltiples actores, adaptación a un público diferente poco receptivo a la demagogia o sofismas, y sobre todo, disposición para la transparencia, el desacuerdo y la discusión.

Políticos de varias partes del mundo se han encontrado con un público cada vez más decepcionado de la clase política en su conjunto, menos receptivos a las sempiternas promesas de progreso y desarrollo, y un menguante número de militantes. Políticos y candidatos a diversos puestos han enfrentado cuestionamientos cada vez más profundos y severos por parte del público en distintos foros; los jóvenes han expresado y en muchas ocasiones, encabezado este descontento. Por ello, al menos en parte, es que los políticos han acudido a la red para tratar de comunicarse con ese electorado, el problema es que intentan una estrategia comunicativa tradicional, es decir, enviando un mensaje sin esperar –ya no digamos buscar- una respuesta por parte del usuario; así no funciona la Web 2.0. Pretenden con ese mensaje crear militantes, desean adoctrinar, cuando lo que deberían buscar son ciberactivistas. Si el mensaje, convence, el usuario se convertirá en promotor de la idea, ideal o programa. Es lo que políticos de algunos países, como México, no entendieron de la elección de Barack Obama en 2008. El otrora candidato, ahora Presidente, no ganó por tener amigos de Facebook o juntar likes, sino por lograr convencer con herramientas modernas a jóvenes desencantados de la tradicional política estadounidense y sus mecanismos. Obama fue un candidato del siglo XXI, su estrategia también. Eso, es la política 2.0.

La clase política debe entender que el espacio de la red no es colonizable, ella debe adaptarse a él y a los usuarios. Pero los usuarios deben entender que no hay cambios sociales ni revoluciones de likes. Es decir, la red, la política 2.0 es la herramienta para la discusión, el debate, la organización, la articulación del descontento pero es indispensable que se dé el paso a la acción política, ya sea en las urnas o en las calles, como fue el caso de la Primavera árabe. Los políticos que deseen implementar las características de la Web 2.0 al espacio de la política y de lo público, estarán en la dinámica de la política 2.0, para ello es indispensable que acepten la comunicación bidireccional, la transparencia, la apertura y la colaboración. La sociedad, por su parte, debe tomar las responsabilidades y obligaciones que supone una herramienta tecnológica para abrir o crear espacios democráticos.

About the Author

- Miguel Angel Valenzuela Shelley

Maestro en Estudios en Relaciones Internacionales y Candidato a Doctor en la misma especialidad por la Universidad Nacional Autónoma de México.

 

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