El reluciente Tratado Comercial entre los E.U. y México; espera ¿qué? ¿cuál tratado?

Por la mañana de ayer el Presidente Donald Trump sostuvo una conferencia de prensa en la Oficina Oval en un intento de anunciar espectacularmente la conclusión de las negociaciones comerciales con el gobierno mexicano. Sentó a todos a su rededor: al vicepresidente Mike Pence, a su yerno Jared Kushner, al Representante Comercial estadounidense Robert Lighthizer, a los Secretarios Luis Videgaray e Ildefonso Guajardo de México y hasta a Jesús Seade observador del Presidente electo de México. Más allá del ridículo de iniciar la conferencia sin tener a su contraparte ya listo en la línea y después intentarlo hacer personalmente sin éxito –lo que causó un momento incómodo al principio de la reunión mediática– la interacción entre los presidentes Trump y Peña dice mucho sobre el estado de la relación binacional y de las supuestamente conclusas negociaciones. Mis primeras reacciones son como siguen:

Para empezar, al gobierno estadounidense le urge cerrar las negociaciones del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) (o cualquier otro acuerdo) a más tardar este viernes, fecha límite para enviar una notificación formal al Congreso sobre el “acuerdo” y que, tras los 90 días reglamentarios, pueda ser firmado antes del receso (y posible nueva disposición partidista) del legislativo. Otra urgencia del gobierno estadounidense salió a relucir durante la llamada: precisamente el día de ayer, Sonny Perdue, el Secretario de Agricultura estadounidense indicó que el pago por 4.7 mil millones de dólares a agricultores afectados por los conflictos comerciales con China y la Unión Europea (además de Canadá y México) será un paliativo meramente suficiente, y Donald Trump menciona durante la llamada que el gobierno de Peña Nieto “ha prometido comenzar a comprar inmediatamente tantos productos agrícolas como puedan. Van a trabajar arduamente en ello.” Es posible que esas urgencias hayan sido utilizadas por el equipo negociador mexicano para hacer que la representación estadounidense moderara algunas de sus exigencias (como la moderación de la cláusula sunsety el tema energético); mientras que, por el otro lado, la maquinaria diplomática mexicana muy probablemente tendrá que poner un esfuerzo extra en traer al gobierno de Canadá a la negociación si el TLCAN ha de subsistir.

Segundo, en la llamada pública sostenida con Trump, el Presidente Enrique Peña Nieto menciona al gobierno de Canadá nueve veces y siempre refirió que espera que sea éste incluido en la negociación y en el tratado final; sin embargo, Trump deja en claro que Canadá está fuera del tratado por el momento. Las referencias de Trump hacia el gobierno de Canadá conllevan un tono defensivo y afirma que le “daría la oportunidad probablemente de un acuerdo por separado”. Es evidente que al gobierno estadounidense no le interesa en este momento la inclusión de Canadá en el acuerdo y está desesperado por llevar el acuerdo con México de inmediato ante el congreso.

Tercero, Peña Nieto se refirió al anuncio del día de ayer como un avance en la renovación, modernización y actualización del Tratado de Libre Comercio de América del Norte mientras que el presidente Trump insistió que esta negociación y acuerdo prefiere llamarlo Tratado Comercial (no de Libre Comercio) entre los Estados Unidos y México. Pareciera un simple asunto de “cómo denominar el resultado de las negociaciones” pero demuestra un grave problema de comunicación, y no sólo entre negociadores de ambos países. En la conferencia de prensa ofrecida en la embajada mexicana en Washington D.C., Luis Videgaray indicaba que aunque los gobiernos estadounidense y canadiense no alcanzaran un acuerdo mutuo, lo importante es la “certidumbre” de que en cualquier escenario habrá “tratado de libre comercio” entre México y los Estados Unidos; esta declaración es distinta a lo que pronunció el propio Presidente Peña Nieto como parte de su discurso ante la CNC el mismo día de ayer, en el que dijo “Hemos arribado a la concreción de un acuerdo, en el marco del TLCAN… Prácticamente el 80 por ciento del comercio de México con el exterior lo hace con América del Norte, y de ahí la relevancia y trascendencia que tenía el que pudiéramos concretar un acuerdo que fuera en beneficio de las tres partes involucradas.” ¿Por qué el Presidente no usó una expresión parecida a la del Canciller y se refirió a que las negociaciones han llevado a un nuevo acuerdo? ¿Por qué, si lo celebrado ayer es la negociación de un acuerdo bilateral Peña Nieto insiste en “enmarcarlo” en el TLCAN? Caso parecido sucede con el mensaje ofrecido por el futuro Canciller Marcelo Ebrard, que no sólo se refiere expresamente al de ayer como un “entendimiento entre México y Estados Unidos en la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte” sino que menciona como tema fundamental para el futuro gobierno mexicano: “el mantenimiento de los espacios trilaterales para la solución de controversias”; Ebrard termina el mensaje diciendo: “continuaremos participando en las negociaciones trilaterales, con la presencia de Canadá, que como ya mencionamos es indispensable para poder renovar el Tratado.” Es decir, el equipo del Presidente electo no parece compartir la noción triunfal de un Acuerdo Comercial bilateral con los Estados Unidos que promueve el grupo negociador.

Si lo acordado ayer es, como dice Donald Trump, un Acuerdo Comercial entre los E.U. y México entonces el TLCAN está desahuciado; el mismo presidente estadounidense lo expresa claramente tras terminar la llamada con Peña Nieto: “Terminaré en acuerdo existente [TLCAN]. ¿Cuándo sucederá? No se los puedo decir sinceramente; depende del calendario del Congreso. Pero terminaré el acuerdo existente y proseguiré con este otro acuerdo.” Es decir, lo que queda claro de lo que sucedió ayer es que el equipo negociador encargado de –a decir de Peña Nieto– “renovar, modernizar y actualizar” el TLCAN ha fracasado y se ha visto en la necesidad de negociar un Acuerdo Comercial bilateral; que mientras el gobierno mexicano intenta “enmarcar” el “acuerdo” en el TLCAN, el gobierno estadounidense insiste en llamarlo por su nombre; que si lo terminado de negociar ayer es un acuerdo bilateral y por ello “habrá tratado de libre comercio entre México y los Estados Unidos”, entonces este es un Tratado nuevo que debe pasar por la firma presidencial y su ratificación en el Senado en ambos países. Esta será una nueva batalla generada por el interés simplón del gobierno saliente de generar “certeza” en el muy corto plazo; cuatro días bastarán para ver qué tan corto.

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